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El Impacto Emocional de la Devaluación Monetaria

Posted by Isilio Arriaga on 1 March, 2017
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Inesperadamente y de manera casi que abrupta la caída del precio del petróleo originó una conmoción económica internacional que trastornó la economía de muchos países y por ende el patrimonio de sus ciudadanos. La consecuencia inmediata en Latinoamérica ha sido la devaluación de las monedas frente al dólar. En casos atípicos como Venezuela y Brasil situaciones socio-política agravaron la estabilidad financiera de esas dos naciones.

La fortaleza de la moneda es vista por el ciudadano común como un índice de orgullo y soberanía nacional.  La mayoría de las personas no tienen relación diaria y directa con la fluctuación de las monedas a menos que decida hacer un viaje, importar un producto, o hacer una inversión en el exterior. Es solo en ese momento cuando advierten un cambio que causa un impacto psicológico, casi que emocional, ante la devaluación de la moneda.  La reacción inmediata es la de protegerse paralizando todo tipo de actividad cambiaria que no sea de extrema necesidad.  En sus mentes solo priva esa sensación de soberanía y el tipo de cambio de ese Real, ese Peso, que generalmente está decorado con nuestros valores patrios. El efecto emocional no permite comprender que la devaluación es un instrumento que utiliza el Estado para proteger sus exportaciones a nivel mundial.  En la mente de quien es afectado por la emoción solo priva la aspiración de que es mejor esperar a que el valor regrese al cambio que le permitía hacer esas inversiones a mejor precio. Esperar a que su moneda se cotice en el mercado a un tipo de cambio fuerte.

Nada más lejos de la realidad.  La devaluación monetaria como instrumento económico se utiliza para proteger el valor de las exportaciones haciéndolas más competitivas de forma que sean atractivas para el comprador internacional. En Colombia, por ejemplo, el precio del café y de las flores se torna atractivo para el americano quien, con su moneda fuerte, se motiva a comprar más originando así divisas para el país exportador y el beneficio económico para el productor.  Viéndolo de otra forma, si Estados Unidos fuera un productor competitivo en el ramo del café y las flores, la fortaleza del dólar traería consecuencias graves en ese sector de la economía ya que su producto se encarecería a nivel mundial.

Una vez que este proceso comienza es difícil que ni siquiera a mediano plazo se regrese a los valores monetarios que existían antes de la devaluación.  Solamente se logra una nueva paridad estable cuando situaciones como la caída abrupta de los precios del petróleo se estabilicen y los mercados regresen a transacciones estables, y los países afectados refuercen el aparato productivo para hacerlo competitivo en el mercado.  Eso toma tiempo, firmeza, y sabiduría en la dirigencia de las naciones.

Un ejemplo típico del error que cometen los inversionistas que actúan de manera emocional ante la devaluación monetaria lo experimenté con un cliente en Colombia quien hace unos meses atrás vino a verme para hacer una inversión en un apartamento en Miami.  Al final no hizo la compra porque le parecía que en ese momento el peso colombiano estaba muy caro frente al dólar (1.800/$) y que el estimaba que la economía colombiana estaba muy sólida y que el peso continuaría revaluándose. Hace unos días lo llamé como es mi costumbre con clientes y amigos, y me comentó lo arrepentido que estaba al no haber comprado en el momento apropiado.  Hoy en día, unos meses después, el peso está alrededor de 3.000/$.  De igual forma en Brasil, unos meses atrás se cambiaba a 2,8 Reales/$; en el último año se ha llegó a cotizar hasta 4.0 Reales/$.

Un grupo de nuestros agentes hizo un viaje de negocios a Latinoamérica, justo cuando comenzaba el proceso de devaluación, y después de un mes haciendo presentaciones ofreciendo nuestros edificios de apartamentos e inversiones inmobiliarias, regresaron con las manos vacías. Todos los inversionistas decidieron esperar a que sus monedas regresarán a niveles estables de paridad frente al dólar. Hoy en día deben estar arrepentidos.  Se dejaron llevar por el impacto emocional, y quizás por el orgullo de su soberanía nacional.

La devaluación si causa un golpe emocional, de eso no hay duda.  No obstante, al cabo de un tiempo ocurre un reajuste donde esa nueva paridad se torna en el cambio aceptable para el inversionista internacional.  Lo que pudo haber comprado en el momento del golpe emocional lo comprará a la nueva paridad monetaria.

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